Cuando una relación de pareja no va bien, la decisión de dejar o no la relación, es complicada, sobre todo, cuando hay hijos de por medio.

Hay situaciones y circunstancias en la vida, que hacen nuestra forma de ver las cosas cambien, y esto no siempre coincide con la visión que tiene nuestra pareja.

Cuando la convivencia en pareja cambia, hay frecuentes discusiones, problemas de comunicación o intereses diferentes, y además se ha puesto empeño por solucionarlo, y aun así no funciona, la separación puede ser una opción.

Hay que pensar que después de la separación hay vida, una vida diferente, pero también se puede ser feliz.

Independientemente de quien hay tomado la decisión final y los motivos de esta, una separación supone una perdida a distintos niveles, personal, familiar, social, económico…Así que es normal, que por una lado, experimentemos sentimientos de tristeza, rabia, preocupación o incluso venganza. Y por otro, tengamos pensamientos contradictorios, un día pensemos que no queremos saber nada de la otra persona, y otro día, pensemos como poder recuperar la relación.

El pensar en la reconciliación es posible, que en algún caso puede ser así, pero en la mayoría de los casos, este pensamiento nos impide avanzar, seguir adelante y buscar formulas para superar la ruptura.

¿Y QUE PODEMOS HACER PARA EMPEZAR ESTA NUEVA VIDA?

Lo primero, aceptar la nueva situación, que por supuesto requiere tiempo. No existe ni una formula mágica para superarlo, ni un tiempo determinado, dependerá de como nos enfrentamos en gran medida a la nueva situación.

Pero lo que está claro, es que cuanto antes empecemos a marcarnos nuevos objetivos y a empezar a hacer cosas por y para nosotros mismos, antes se superará.

Tenemos que empezar construir una nueva vida en solitario, y ser conscientes que ser puede ser feliz sin necesidad de estar en pareja.

Para rehacer una nueva vida son necesarias varias cosas:

  • Voluntad para cambiar: tenemos que estar convencidos que queremos este nueva vida y vamos a esforzarnos por conseguirla.
  • Confiar en nosotros mismos. Es importante que estemos ilusionados, con nuevos retos y motivados para el cambio. Es normal que en algún momento tengamos miedo o nos sintamos solos, pero esto no significa que no seamos capaces.
  • Pensar de forma positiva. Vamos a ser optimistas, y ver que esta es una nueva oportunidad para ser felices, para madurar, y disfrutar de cosas que a lo mejor antes no podíamos. No vamos a malgastar nuestro tiempo en darle vueltas de por qué pasó. Vamos a dedicar nuestro tiempo en construir un nuevo futuro, a mirar hacia delante.
  • El apoyo del entorno. Con el apoyo de amigos, familia siempre es más fácil. Aunque habrá momentos en los que queremos estar solos, es importante buscar a esa persona de confianza con la que podamos hablar y desahogarnos en un momento dado. También en importante salir y realizar actividades que nos aporten bienestar, y que por qué no, nos de la oportunidad de conocer a gente nueva.

Y por supuesto, hay que prepararse para situaciones estresantes con las que nos podemos encontrar, por eso es importante ver que alternativas tenemos y de qué recursos disponemos para empezar la nueva vida.

¿Y CUÁNDO HAY HIJOS?

Lo primero ser conscientes de que ellos no son los responsables de que los adultos se separen, por lo tanto tenemos que intentar que sufran lo menos posible. Esto quiere decir que no tienen por qué presenciar discusiones, insultos ni situaciones de este tipo.

Que tienen que tener en cuenta los adultos:

  • No podemos pedirle a los hijos que tomen partido. Ellos no querrán herir a ninguno de los dos, ya que ambos son sus padres.
  • No usar a los hijos como mediadores o interlocutores. Nosotros somos los adultos, actuemos como tal.
  • Los hijos no deben decidir temas que solo conciernen a los adultos, como en que casa vivir, horarios de visita, organización en general. Ni tampoco lo podemos permitir que hagan lo que quieran, porque como lo están pasando mal con el divorcio, le dejamos que tomen el control.
  • No manipularlos para vengarnos de la ex pareja.
  • Evitar hacerle pensar que las relaciones al final siempre acaban mal. De hecho hay que hacerles ver  que aunque una relación se acabe, se puede tener buena relación.
  • Tampoco los podemos ilusionar diciéndoles que antes o después se reconciliarán.
  • Excepto cuando la ley así lo diga, es importante que el niño siga teniendo contacto con toda la familia de ambas partes, primos, abuelos, que no pierda ese apoyo emocional.

Lo hijos necesitan tener a sus padres, aunque ya no estén juntos, y que exista respeto entre ellos y no sean enemigos.

En definitiva, lo mejor para todos, tanto para hijos como para adultos, es intentar tener una relación lo más cordial posible y basada en el dialogo.